Hay
ocasiones en que uno está predeterminado a la gloria, y sin duda Markus
Winkelhock es alguien así. Su padre, Manfred Winkelhock, llegó a participar en
47 carreras y sumar un par de puntos, pero su gloria jamás será equiparable a
la de su hijo. Una sola carrera y tan solo doce vueltas antes de que se
averiara su lamentable Spyker fue suficiente para que Markus demostrase que lo
bueno, si breve, dos veces bueno. Así fue como Winkelhock pasó a la historia de
la Fórmula 1.En la previa del Gran Premio de Europa de 2007, disputado en
Nurburgring, el equipo Spyker había decidido despedir a su compatriota
Christijan Albers por el pequeño error de arrancar la manguera de combustible
en un repostaje rociando de a todos sus mecánicos. El repentino despido
del holandés provocó que el equipo se quedase sin tiempo para recibir el cheque
de algún pilotillo con mucho dinero y más aburrimiento, Yamamoto, un experto en
la materia, acabó siendo el afortunado, pero mientras que se llegaba a un
acuerdo con el nipón el equipo Spyker se sacó de la manga a Markus
Winkelhock para disputar el Gran Premio de Europa en su casa, en Alemania. Todo
un premio para un intento de piloto cuyo bagaje hasta el momento se limitaba a
cuatro participaciones en entrenamientos libres la temporada anterior.
Como suele
pasar en estos casos, los gallitos de la categoría se dedicaron a criticar en
una parte y cachondearse en otra de Winkelhock por su indisimulable lentitud.
Incluso hubo quien dijo que iba a ser un peligro y que había que rescatar la
por entonces no vigente ley del 107% solo para eliminarle. No sabían que
estaban a punto de recibir una lección. A nadie
sorprendió que Markus calificase el último a un segundo y medio de su reputado
compañero de equipo, Adrian Sutil. Sin embargo, nadie imaginaba que el alemán
preparaba algo. Y es que el domingo, ante la probabilidad de lluvia, Winkelhock
y Spyker tomaron una decisión que concuerda muy bien con el refrán “para lo que
me queda en el convento, me cago dentro”. Con la pista completamente seca
creyeron que poner los neumáticos de lluvia extrema era lo más oportuno dado lo
dramática de la situación. Imagínense lo triunfal que abría las aguas el Spyker
cuando en mitad de la primera vuelta comenzó a diluviar, tomando Winkelhock la
cabeza tranquilamente mientras los demás apenas luchaban por no salirse de la
pista. Hasta 30 segundos de ventaja llegó a tomar nuestro antihéroe antes de
que la FIA decidiese que tal vergüenza era intolerable y sacase el ahora
recurrente, pero por entonces inédito, Safety Car por lluvia abundante. Con
bandera roja de por medio, se llegaron a dar hasta seis vueltas tras el coche
de seguridad en las que Markus lideró todas. Una vez se relanzó la carrera la
aventura de Winkelhock duró poco, ya que todos lo adelantaron sin miramientos,
pero el destino tenía reservada un último golpe de suerte para él, ya que su
coche se averió en la vuelta doce dejándolo tirado y convirtiéndole, por mucho,
en el piloto con mejor porcentaje de vueltas lideradas, un estratosférico 50% que
hace que los Schumacher, Fangio o Senna tengan que rendirse ante Winkelhock.
Incluso en números totales hay algunos ilustrillos que no llegan a sus seis
vueltas en cabeza como Hailwood (10 carreras en Lotus y otras 10 en McLaren),
Mass (48 carreras en McLaren y hasta una victoria), Grosjean (19 carreras en
Lotus), Johansson (30 carreras en Ferrari y 16 en McLaren) o Sato (33 carrera
en BAR).
![]() |
| Markus Winkelhock siendo adelantado por Lewis Hamilton. |
Sin duda,
Winkelhock es inolvidable para todo fan de la Fórmula 1. La prueba más clara de
que en este bello espectáculo todo es posible, cualquier underdog de
la vida puede convertirse en un héroe, en alguien mítico para los fans. A veces
la vida te pone delante tu gran oportunidad, solo de cada uno depende si
dejarla pasar o aprovecharla de la mejor manera posible, como lo hizo nuestro
ídolo: Markus Winkelhock.


No hay comentarios:
Publicar un comentario