martes, 11 de junio de 2013

FÓRMULA 1 VS MOTO GP. HOY DÍA NO HAY COLOR

Duelos como el Stoner-Rossi en Laguna Seca 2008 ya quedan muy lejanos
Es la eterna comparación. Fórmula 1 – MotoGP, MotoGP – Fórmula 1. Antaño, pese a que personalmente no lo compartía, existía la aceptación general de que el mundial de motociclismo superaba en emoción y disfrute a la máxima categoría del automovilismo. La mayor cantidad de adelantamientos y las luchas cuerpo a cuerpo hasta las últimas vueltas parecían imponerse en el sentir general a las estrategias de boxes y las persecuciones interminables que en muchas ocasiones terminaban sin adelantamiento. Pero eso ha quedado en el pasado.
Hoy en día, es difícil encontrar a alguien que se atreva a defender que el campeonato de MotoGP sigue por delante del de Fórmula 1. De hecho, debo confesar que hace un par de fines de semana preferí ver el previo del Gran Premio de Gran Bretaña de Fórmula 1 antes que la carrera de MotoGP del Gran Premio de Alemania por el simple hecho de que me pareció más interesante el previo. Muchos son los factores que han influido en este cambio de equilibrio en la balanza. Quizá el más importante sea la variedad. Siendo completamente honestos, llevamos ya muchos años viendo que en MotoGP apenas un par de equipos pueden vencer, Honda y Yamaha, reduciéndose la lucha por el mundial a un mano a mano entre Stoner y Lorenzo, que Pedrosa me demuestre lo contrario si puede. Mientras tanto, en Fórmula 1 podemos ver como hasta Pastor Maldonado es capaz de ganar una carrera, con una variedad de siete vencedores en las nueve primeras carreras, con hasta once pilotos diferentes subiendo a los podios. Pese a la ventaja que ha cogido ahora Fernando Alonso debido a una buena racha de resultados, podemos decir que hasta cinco pilotos de cuatro equipos diferentes están inmersos en la pelea por el título. Una tensión e igualdad que engancha hasta al más profano.
Curioso, no recuerdo un piloto de Fórmula 1 que haya querido desembarcar en MotoGP
Pero esto no es todo, la teoría de los adelantamientos se ha truncado para los moteros de una forma alarmante en los últimos años. Ver hoy día una carrera de MotoGP es casi tan previsible como adivinar que hará Mario Casas en su próximo film “cultural”. El piloto A (Stoner, Lorenzo o Pedrosa) está en el liderato con el piloto B (también uno de estos tres) rodando a medio segundo. En ese momento llega la variable, o bien el piloto A da un tirón a cinco o seis vueltas del final y gana cómodamente o bien el piloto B (si es Pedrosa esto no pasará) adelanta al A fácilmente y se escapa hacia el triunfo. Todo muy trabajado, muy currado, muy aburrido. Por el contrario ahí está la Fórmula 1, en la que Alonso puede salir 11º en un circuito donde es difícil adelantar como Valencia y terminar venciendo con una lección de pilotaje y adelantamientos, en la que Maldonado es capaz de conjugar a los astros para ganar desde la pole en Barcelona, en la que el equipo que globalmente ha sido el más rápido en lo que va de temporada, Lotus, no ha ganado aún una sola carrera a diferencia de otros cinco equipos potencialmente inferiores que si lo han logrado. Las diferencias entre el primero y el segundo no ha superado los 4 segundos en ninguna carrera salvo en el recital de Alonso en Valencia y en la cabalgada solitaria de Rosberg en China.
El Safety Car es una de las claves del espectáculo que es la Fórmula 1. Y si, quería poner a Winkelhock

Además, está la organización. No tiene nada que ver la brillante gestión y organización de Tito Bernie con el cutrerío de Dorna. Empezando por el sistema de calificación, que en el caso de MotoGP es incluso más aburrido que las carreras, y ya es decir, mientras que en Fórmula 1 es de una tensión enorme, porque en cualquier error puntual puede quedar fuera cualquier favorito. Esto impulsa también que en ocasiones los pilotos con mejores ritmos tengan que verse en mitad del pelotón al inicio de carrera por un pequeño error el sábado. Eso, con su prehistórico sistema de calificación, es totalmente imposible en MotoGP, donde el piloto se puede permitir cualquier error y aún tendrá tropecientasmil vueltas para marcar un buen tiempo. ¡Pero si incluso hay pilotos que se caen, destrozan la moto y luego vuelvan a salir con la de reserva! Demencial. Ya luego están las carreras. En MotoGP no hay más variante que salir y correr, ni estrategias de paradas, ni Safety Car, ni vueltas suficientes como para que haya doblados, o fallos mecánicos, o desgaste de ruedas, o algo así. Solamente salir y correr, y que el más rápido, solo por el hecho de serlo, tenga que ganar la carrera sin más, aburriéndonos a todos los demás. Por el contrario tenemos todas estas variables y posibilidades en el Gran Circo, que unido a la valía de cada adelantamiento (me hincho de rabia cada vez que un piloto de motos se deja adelantar para “estudiar” al rival, ¿que clase de deporte es ese en el que te dejas pasar?) y a los riesgos que asumen los pilotos debido a esto, ya que puede que esta oportunidad de pasar sea la última, hace que la emoción no pare durante una carrera. Como siempre digo, si un equipo gana 6-0 en fútbol ganará el partido, si gana de 40 en basket ganará el partido, si lleva 10 minutos de ventaja ganará el Tour (salvo que dé positivo), pero un piloto de Fórmula 1 con 50 segundos de ventaja puede tener por seguro que al más mínimo error de alguien, y cuando digo de alguien me refiero de otro piloto, saldrá el Safety Car y dirá adiós a su plácida victoria. Es la emoción de un espectáculo sin igual, algo que nunca tendrá MotoGP, o al menos hasta que no comience a dirigir el mundial alguien con un poco de perspectiva. Al fin y al cabo, hoy día en MotoGP apenas aguantan Honda, Yamaha y Ducati, amén de una pila de equipo chusteros que desempolvan sus motos minutos antes de las carreras y se disponen a  pelear por no ser los peores de todos. Por el contrario, las brillantes medidas de recortes económicos asumidas en la Fórmula 1 desde hace ya muchos años provocan que ahora mismo las mejores marcas sigan en el mundial, y que las bajas recientes de Honda, Toyota y BMW no se hayan notado en nada. Incluso se rumorea que nuevos constructores de la talla de Wolsvagen o Alfa Romeo quieren entrar en la categoría.
Las pérdidas de BMW y de Kubica, aunque dolorosas, fueron superables sin problemas para la Fórmula 1
Y, para finalizar, están los pilotos. Y es que, discúlpenme, pero los pilotos de MotoGP son cutres, sin carisma. El día que vea a algún piloto de Fórmula 1 anunciando su Twitter en la parrilla o recordando un concurso suyo en Facebook tras ganar una carrera, Lorenzo lo hizo hace unas citas, se me caerá un mito. Aparte de Valentino Rossi, no quedan pilotos carismáticos, de los que enganchan al aficionado, sólo una pandilla de sosos que se dedican a reprocharse los unos a los otros cada vez que uno hace una maniobra que se sale del guión light de la categoría. Lamentablemente, los pilotos cañeros de la categoría se han visto o con una moto que es un camión, Valentino Rossi, o aplastados por el nedflanderismo, Jorge Lorenzo, o fallecidos en un triste accidente, Marco Simoncelli. Por el contrario, en la Fórmula 1 los pilotos valientes ocupan los mejores asientos, ahí están Hamilton o Grosjean, o en una escala menor Schumacher, Raikkonen, Alonso o Massa, que conducen algunos de los mejores coches de la categoría. Mención aparte es Maldonado, que de sucesor de Montoya tiene menos que de sucesor de Yuki Ide. Sosos como Vettel, Rosberg, Stoner o Pedrosa los hay en las mejores familias, pero alentar la valentía de los pilotos debería ser de obligado cumplimiento entre organizadores, aficionados e incluso demás pilotos. Afortunadamente, no parece que la actual hornada de la Fórmula 1 vaya a repetir episodios tan lamentables como un piloto que fue sancionado con una carrera sin correr por tirar a otro al suelo recriminando a otro que es demasiado agresivo.
El espíritu de Ángel Nieto ha sido dejado atrás por el afán de correr en MotoGP, convirtiendo el resto en meras categorías inferiores sin demasiada importancia

En definitiva, las audiencias no perdonan, los espectadores son inteligentes y la expectación suscitada en prensa es evidente. Habrá quien siga diciendo que ahí están Moto2 y Moto3, categorías que indudablemente son más espectaculares que MotoGP, pero ahí están también la GP2, o la GP3, o las World Series o incluso las carreras de karts. Y es que las nuevas categorías inferiores no son categorías en si, sino de formación, de nivel inferior, nunca equiparable a la suprema. ¿Qué valor tiene ganar en Moto2 si el año siguiente prefieres conducir una de las tortugas de MotoGP antes que intentar repetir título? ¿Qué valor tiene si ya no hay un Ángel Nieto que, asumiendo sus limitaciones para llevar las motos grandes, decide quedarse en las categorías menores y ganar 13 títulos? Se pongan como se pongan, nunca valdrá más el “mundial” de Julián Simón, de Toni Elías o de Nico Terol que cuando Giorgio Pantano ganó el mundial de karts, cuando Liuzzi venció en la 3000 o cuando Timo Glock triunfó brillantemente en la GP2. Y, al fin y al cabo, lo más evidente de todo. Cuando hace dos semanas coincidió en fecha y hora la Fórmula 1 y MotoGP no hubo más remedio para los segundos que, si querían tener más audiencia que quince moteros y un par de desinformados, adelantar su horario habitual para que su carrera comenzase a la 1. Aún así, yo preferí el previo de la Fórmula 1.

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